Fisioterapiaaargh!

Ay, la fisioterapia…

Por mi trabajo (mientras escribo esto soy mozo de almacén, mañana vete tú a saber) la visita mensual a mi fisioterapeuta debería ser algo inamovible, pero por un cúmulo de catastróficas desdichas tuve que postponer ligeramente mi revisión… unos cinco meses.

Por lo que ahora mismo estoy que hasta la presión de la camiseta sobre mis hombros duele como para hacer llorar a Chuck Norris, pero qué quieres que te diga, me lo he buscado yo solito.

Antes de continuar quiero avisarte de que voy a hablarte de la fisioterapia desde mi experiencia, ni es un artículo para intentar convencerte de nada ni para dar información sólida, contrastada y verificada sobre el tema.


Primer contacto

¿Sabías que te puedes joder una costilla al toser? Pues hasta hace unos años yo tampoco.

No sé exactamente en qué momento, en mitad de una bronquitis una de mis costillas dijo «mira, a la mierda maricón» y se fisuró. Y digo que no sé exactamente en qué momento porque, quizá por ser una fisura o quizá por las agujetas de toser no hubo ningún momento de dolor especialmente intenso.

La gracia es que ella, con más veneno que tuétano en su interior, en poco tiempo hizo que se inflamase el tejido que había entre esta y su compañera… y resulta que entre cada costilla pasa un nervio, te puedes imaginar el circo.

¿Sabes lo que es tener una sensación de tener una lanza en el costado cuando toses, ríes y hasta cuando vas a cagar?

Uy la sensación dice… dramática.

Hasta los huevos de estar puesto de calmantes, y más teniendo en cuenta que a mí el Ibuprofeno me sienta como un bocata de Lorazepam (imaginaros tomando dexketoprofeno…) , decidí acudir a un fisioterapeuta a ver si servía como atajo para recuperarme cuanto antes.

Y ahí estaba yo, frente a una chica de lo más pispireta y agradable tomándome todos los datos antes de pasar a darme tal paliza que me río yo de las que se lleva un pulpo en una cocina.

La cuestión es que no podía trabajar en la zona durante más de veinte minutos ya que en seguida se inflamaba y era mejor ir poco a poco, así que los cuarenta restantes de la sesión me los dedicó a mi espalda, que según ella la tenía fatal.


Los resultados

Semana tras semana acudí religiosamente a mi cita con mi fisioterapeuta, que más o menos transcurría de la siguiente forma…

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No te voy a engañar, la fisioterapia no es agradable en la mayoría de los casos, y más cuando de aliviar contracturas se refiere o vas por algún tipo de lesión más severa.

Los tres días después de cada intervención te van a doler músculos que ni sabías que existían pero pasado un tiempo llega la magia.

Siempre he tenido problemas de espalda: dolores de cervicales, hombros, alguna lumbalgia… y lo tenía como algo normal, pues mira, no, no es normal, y vivir sin ello se nota. Y yo he descubierto un bienestar gracias a la fisioterapia que no tenía ni idea de que existía.

«Pero espera, a ver, Raul, llevas un rato diciéndome que poco menos que es una tortura medieval y ahora me hablas de bienestar… ¿Estás mezclando sustancias de dudosa procedencia?»

Sí, yo sé que puede chocar, pero para mí descubrir la fisioterapia ha supuesto un giro de ciento ochenta grados en mi salud física ¡Hasta mi postura ha mejorado!


Y cuando vuelves a estar mal…

Pero la fisioterapia no es una bendición que te otorgue el poder del bienestar de forma indefinida para el resto de tu vida: los sobreesfuerzos, malos movimientos y posturas cirnenses de sexo desenfrenado poco a poco irán devolviendo tu cuerpo a su estado natural de escombrera soviética.

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Habrás visto zombies arrastrarse por el césped con más soltura que tú por la cama

La gracia es que llegado ese punto, y más después de saber lo que es vivir sin apenas dolores musculares y articulares, sabrás perfectamente cuándo te toca volver a visitar a tu fisioterapeuta de confianza.

A no ser, claro, que seas un auténtico desastre como yo y lo pospongas cinco puñeteros meses, que he terminado con la espalda que podría usarla como yunque para forjar espadas de acero varylio.


Resumiendo…

Si nunca has ido a un fisioterapeuta a que te hagan una puesta a punto, hazlo.

«Mira, no hay quien te entienda, primero me acojonas lo más grande y ahora me dices que vaya…»

Vale, quizá haya exagerado un poco en pro del humor, pero tampoco soy Mr. Wonderfull para venir a venderte una edulcorada historia de que será una experiencia maravillosa, vamos a dejarlo en que como mínimo será incómodo pero que los beneficios lo compensan.

Como el sexo anal, vamos.

¿Y tú qué? ¿Has ido alguna vez a fisioterapia? ¿Te vas a animar después de leer este post? ¡Anímate a compartir tu experiencia en los comentarios!

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